Hay días en los que se está mejor. Quizá por los cambios lunares o las cosas que uno come, o tal vez simplemente para variar. Hoy, por ejemplo, no me siguen las comadrejas. El martes estaban furiosas, eran como cinco, creo. Se gruñían entre ellas y le gruñían al colectivo, estaban enrabiadas y llenas de ira. Yo las veía desde la ventana con cierta familiaridad, como si as conociera. Creo que me habían estado observando. De a ratos me daban ternura, pero no me olvidaba de su actitud maligna y diabólica.
Ahora por suerte ya no pienso en ellas, es como si no hubiesen existido. Digo “es como” para expresar mi ficticia y feliz sensación del momento. Pero yo sé que eran reales en algún tipo de existencia endemoniada e infernal, de esas que a veces se esfuerzan por penetrar la nuestra y luego se esfuman rápidamente. Yo las vi, existían.
“¿Cómo supiste que eran comadrejas? Yo hubiera creído que eran perros.” Me dijo una amiga cuando le conté lo que me había pasado. Ella no podía concebir una idea de comadreja en su cerebro, probablemente nunca había visto una y no podía imaginársela. Por eso para ella no existían, y de haber estado conmigo, seguramente no las habría visto. Pero algo te pasa cuando las tenés ahí gruñendo con toda su rabia y peleándose. Sencillamente te das cuenta: son comadrejas, imposible confundirlas con un perro.
Igualmente me quedé pensando en sus palabras y entonces comencé a fijarme en los perros. Un oportuno e-mail de otra amiga comentándome las andanzas de su pichicho me sorprendió bastante “… el Pitín está hecho un sinvergüenza, el otro día trajo la cabeza de un perro muerto a casa…” ¡Era un típico comportamiento de comadreja! Ellas me habían elegido y se me presentaban de las más diversas formas: comadrejas de verdad, actitudes de comadreja, perros-comadreja… Ya no me parecían tan evidentes las diferencias entre un perro y una comadreja. Tanto que cuando vi un perro tirado sobre una barranca, dudé que fuera un perro o una comadreja. O quizá sería una víctima de una perro-comadreja que le iría a arrancar la cabeza. Me alegré mucho al verlo abrir un ojo, seguro lo sobresaltaron mis pensamientos acerca de las comadrejas cuando le pasaba por al lado. Se ve que estaba atento, y ya enterado de las andanzas de las comadrejas por los pagos. No había querido asustarlo, es que a veces uno va pensando muy fuerte y no se da cuenta, puede llegar a ser peligroso. Hay que tener cuidado, las comadrejas pueden hacerte pensar muy fuerte.
Así, sin darse cuenta a uno pueden metérsele las comadrejas en u vida, junto con perros satánicos y ese tipo de cosas que lo atormentan enormemente. Pero, como contaba al principio, hoy estoy mejor. Tuve suerte de que la oruga azul y esponjosa de los sueños me librara de tal martirio. Realmente funcionan muy bien las orugas, porque cuando intentaba dormir asustada pensando que las comadrejas me harían tener horribles pesadillas, se apareció calma y pacífica la oruga azul, caminando serena. Al principio sus patas me impresionaron un poco, no soy muy amante de los insectos. Pero cuando volví a concentrar mi atención en su cuerpo de formas redondeadas azul sueños, el efecto relajante se realizó por completo.
Ahora creo que ya las comadrejas me abandonaron casi definitivamente. Aunque alguna noche me pareció haber visto que asomen la cabeza por debajo de la cama o detrás de la puerta entreabierta del ropero. Pero es seguro que ya no me buscan a mí, están pendientes de otras cosas, alertas a ruidos y movimientos. Ya no me gruñen, me parece que están utilizándome como refugio. Calculo que de a poco, así como fueron apoderándose de mi vida, la irán dejando. Las comadrejas van y vienen y, con la ayuda de la oruga de los sueños, algunos días pueden ser mejores que otros.