“Everybody want to go to heaven
But nobody want to die”
(Peter Tosh)
Un punto blanco al lado de la luna. Más abajo, el horizonte, juego de celestes, violetas, rosados... Por allá la ciudad, difusa entre grises oscuros. A lo lejos los edificios, hostiles, pinchudos, el ruido de los aviones... ¿para qué volver?
Un punto blanco al lado de la luna. Quizá un satélite, ojalá sólo una mancha, una gota salpicada de la esfera de sueños blancos, lejanos, distantes --- ruido de aviones--- no, no, más distantes, menos reales.
Seguramente un artefacto ansioso de explorar, calcular, analizar... Mejor el descuido de un pintor desprolijo, una distracción de la naturaleza que tengo el privilegio de notar. Detalle cándido, níveo, algo tímido que sin querer se abandona sutilmente ante mis ojos.
Un punto blanco al lado de la luna, como una lágrima suspendida a su lado, dispuesta a acompañarla, a no ceder. Triste, como los restos de un pasaje al cielo tirado al costado de una calle de tierra en un pueblo ya lejano en tiempo y espacio. Borroso y mojado entre el barro, olvidado.
Sigue sacando fotos, sondeando, investigando... yo, soñando. Los celestes, de a poco azules, cubren ya el paisaje. La vastedad de la amplitud desolada se expande, y las miles de luces lejanas parecen ser el único refugio. Pero la hora de volver a casa ya pasó...
Las estrellas van surgiendo altaneras, queriéndolo opacar. Por allá, remotos, los faroles ensayan sin éxito un efecto parecido. Viajantes con pasajes efectivos los contemplan, los acogen... desde arriba se complacen. Yo me aparto, miro desde abajo, reflejo imperfecto de mi punto blanco al lado de la luna.